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Editorial
Otra oportunidad para un camino nuevo
Una vez más, Adviento y Navidad. Para nosotros, un tiempo cargado de paradojas. Por un lado, celebramos la venida de Dios a nuestro mundo; por otro, parece que en el entorno se renuevan los esfuerzos por eclipsar todo atisbo de trascendencia; nos fijamos en la pobreza de un Dios que entra en nuestra historia del modo más humilde imaginable; y el consumismo nos envuelve hasta extremos insospechados; mientras todos nos deseamos mutuamente paz y alegría, el mundo está sembrado de guerras, abusos y discordias... Y podríamos seguir. Esta situación pone en evidencia que algo no funciona en nuestro mundo. Que en algo tenemos que cambiar. Es cierto que lo que se lleva es el «paganismo burgués»; la moda es prescindir de Dios porque no lo necesitamos: lo tenemos todo, y lo que no tenemos podremos conseguirlo con la ciencia y la tecnología. Pero, ¿lo tenemos todo? ¿De dónde viene el vacío vital que tantos experimentan? ¿Dónde encontrará la sociedad respuestas ante el acoso que sufre en los valores más elementales? ¿Qué futuro puede esperar a una civilización que se mueve únicamente al ritmo de la economía y reacciona sólo ante los intereses del egoísmo, personal o colectivo? ¿Qué esperanza puede quedar a tanta gente que ve que a sus dirigentes sólo les preocupa el poder, para dominar a la sociedad a su gusto y capricho? Las preguntas podrían continuar. Afortunadamente, para los cristianos hay una respuesta: Jesús. Él viene de nuevo a un mundo enloquecido y desorientado, ofreciendo su salvación. ¿Seremos tan necios como para dejar pasar esta nueva oportunidad de reemprender, como creyentes, el camino que conduce a Dios? Que es muy sencillo, porque él mismo nos ofrece ese Camino: Jesús mismo. Basta acogerlo y tomarlo en serio. Porque, además, él es también la Verdad y la Vida. ¿Hay quien dé más?
Editorial - 01/11/2005
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