Juan Manuel Galaviz
Los Institutos Paulinos en la mente del Fundador
El Delegado General, P. Juan Manuel Galaviz, expone el pensamiento del beato Santiago Alberione sobre la finalidad y la misión de los Institutos Paulinos de vida secular consagrada y de los Cooperadores Paulinos.
La primera referencia pública a los institutos agregados la encontramos en una instrucción del Fundador a un grupo de Pías Discípulas que hacían los ejercicios. Se remonta al 18 de marzo de 1958 (APD, vol. III, p. 70). El padre Alberione presenta a los Cooperadores como de dos clases: la primera compuesta por personas, en general, que conducen en el mundo la vida cristiana buscando alcanzar un cierto grado de virtud y colaborando, en cuanto les es posible, a la acción paulina. «La segunda clase, por el contrario, es más perfecta, está constituida por aquellas personas que no se contentan con una vida cristiana común, sino que viviendo en el siglo, en el mundo, ya que no pueden abrazar la vida religiosa, hacen los tres votos, se colocan en estado llamado de perfección y colaboran con la Familia Paulina más intensamente. Estando en el mundo pueden hacer muchas cosas, muchas obras de celo que no serían posibles para la religiosa, no serían posibles para el sacerdote; pueden estar en una fábrica, pueden hallarse en una posición elevada desde la cual ejercen una influencia en el ambiente, que puede ser más restringido y puede ser muy amplio, según los casos. Ambas clases de cooperadores debemos tener presentes y es nuestro deber atenderlos, ayudarlos, formarlos».
En la misma instrucción, el padre Alberione vuelve otras veces a referirse a esta clase de cooperadores –«llamémoslos así», dice– «los cuales pueden participar más íntimamente, más ampliamente a los bienes de la Congregación…». Son «personas que no pueden entrar en los institutos religiosos, pero que se proponen tender a una vida de perfección (…) y también la participación en el apostolado de la Familia Paulina». Habla de esta posibilidad para hombres y mujeres: señoritas y también viudas, personas que «no aman el hábito religioso o tienen oficios en la sociedad que no conviene que abandonen o no tienen salud apta para una vida plenamente en común o quisieran un apostolado más moderno y correspondiente a las necesidades actuales…» (págs. 78-79). «Estas personas -afirma- estando en el mundo, tienen la ventaja de advertir el bien que hay que realizar, lo que se presenta de mayor urgencia, así que pueden llegar a ciertas iniciativas y a ciertos contactos a los que no puede llegar la religiosa ni el sacerdote, y tienen la función de la sal, la función de la levadura..» (p. 80). Agrega todavía: «hallándose en el mundo más combatidas, en mayor dificultad, muy a menudo conservan una vida interior intensa y podrían alcanzar gran santidad en una buena dirección» (p. 81). Se debe entender: «con una buena dirección». «Ahora –precisa el Fundador– la dirección es doble: la dirección externa de un Instituto, de una regla, de una especie de constitución, y una dirección interna que es la que procede del confesor, o también procede de alguna persona que las preside, de alguna manera, a la cual se confían y así mantienen una uniformidad de trabajo interior y pueden por tanto llegar a una grande santidad» (p. 81).
Acerca de las múltiples posibilidades de apostolado en los más variados estratos sociales, el padre Alberione -siempre en esta instrucción a las Pías Discípulas- cita el ejemplo del Opus Dei, pero acota: «naturalmente nosotros proponemos en modo particular el apostolado conforme, o, mejor, más conforme al apostolado de la Familia Paulina, y este apostolado se puede favorecer, ayudar de tantas maneras. Es necesario ver las varias circunstancias, las posiciones en las que estas personas se encuentran. A su respecto, el Santo Padre ha dado como protector de los apostolados: cine, radio y televisión a san Gabriel. Y san Gabriel ha llevado el anuncio de la redención y María lo ha aceptado. Por tanto, la Anunciación, María de la Anunciación, para la parte femenina» (p. 82).
El Fundador termina esta reflexión reveladora, recordando a las Pías Discípulas que los Centros de apostolado litúrgico deben ser también «centros de contacto con las personas para dar buenas indicaciones, para decir, por lo menos, buenas palabras, para hacer Cooperadores (…) Y (…) existen otras maneras, existen muchos otros contactos» (p. 86).
Pasemos al boletín San Paolo, al número correspondiente a abril de 1958 (cfr. CISP, págs. 1297 y ss.). El padre Alberione habla formalmente de aquellas sociedades en las cuales se realiza en modo completo el estado de perfección y tienen un reconocimiento jurídico de orden privado, definidas por la constitución Provida Mater Ecclesia. Luego de haber descrito las notas esenciales de estos institutos o Institutos Seculares (el estar constituidos en un estado, la consagración, la secularidad, el apostolado) el Fundador dice: «La Familia Paulina en su específico fin, con semejante auxilio encontraría muy potenciado su apostolado y acrecentada su influencia utilizando uno de los medios más modernos, eficaces, fructuosos: mucho ayudan los Cooperadores si son bien guiados por la correspondiente dirección; muchísimo un Instituto que los patrocine y esté espiritualmente guiado por la Familia Paulina» (p. 1301). Y encontramos esta referencia puntual: «El Instituto San Gabriel toma el nombre de san Gabriel Arcángel porque desea formar y encaminar a sus miembros hacia una vida apostólica de penetración usando, entre otros medios, el cine, la televisión y la radio, que están puestos bajo el patrocinio de san Gabriel Arcángel por S.S. Pío XII con la encíclica sobre el cine, la radio y la televisión: ´Miranda prorsus´…» (pp. 1302-1303). Presenta como fin general de tal Instituto «profesar en medio del mundo la total consagración al Señor y la plena dedicación al apostolado» y, como fin especial: «servir y cooperar con la Iglesia en dar a la humanidad a Jesucristo Maestro, Camino, Verdad y Vida, con la difusión del pensamiento cristiano, de la moral cristiana y de los medios de elevación de la vida individual y social, particularmente en formas modernas» (p. 1303).
Es de notar que en este artículo publicado en el San Paolo, el Fundador prevé como miembros del Instituto «San Gabriel Arcángel» también sacerdotes seculares. Sólo más adelante hablará de un distinto Instituto para ellos. Otros conceptos que expresa son: la no necesidad de vida comunitaria, más aún la conveniencia de permanecer en el mundo: «cada uno puede continuar el sistema de vida que ocupa donde está, y mantener contactos con la autoridad del Instituto a través de la correspondencia, participando en reuniones periódicas y especialmente en el curso anual de Ejercicios Espirituales.
El fin especial del instituto San Gabriel, en efecto, es tal que se puede realizar en cualquier lugar; más aún, la penetración en ciertos ambientes sociales es bueno que suceda sin que nadie sepa que los promotores de tal penetración pertenecen a un Instituto Secular». Por tanto «los profesionales, los empleados, los que ocupan puestos importantes en la sociedad, pueden seguir desempeñando su actividad, más aún, en ciertas circunstancias es bueno que permanezcan donde están. La palabra de Dios, en efecto, está libre de cualquier vínculo y puede penetrar en todos lados, en formas diversísimas» (pp. 1303-1304). En el mismo artículo, el Fundador prevé que el Instituto «San Gabriel Arcángel» tenga un Superior general, cuatro consejeros y organismos intermedios gobernados por algún superior mayor, siempre bajo la dependencia y vigilancia del Superior general (cf P. 1304).
El artículo trata luego de las Anunciatinas y describe normas bastante detalladas para la aceptación, acerca de los fines del Instituto, su vínculo espiritual con la Familia Paulina, los deberes comunes a todas y las etapas de la formación.
El padre Alberione hace notar también la diversidad entre Cooperadores Paulinos y los miembros de estos Institutos paulinos que él califica como «institutos seculares» (cf pp. 1305-1309). Juan Manuel Galaviz
Juan Manuel Galaviz - 15/07/2006