Como todas las vidas de los grandes personajes, también la del
P. Alberione está marcada, más que por los hechos menudos
de su vida cotidiana, por las ideas puntuales que la acompañaron.
Siguiendo este criterio de lectura, en la vida del P. Alberione se pueden
distinguir tres grandes períodos.
Hacia la parroquia
El primero es el de un simple muchacho que en un determinado momento es
orientado hacia el seminario. El nacimiento en una familia numerosa (en
San Lorenzo di Fossano, provincia de Cuneo, el 4 de abril de 1884), los
primeros estudios en el seminario de Bra (octubre de 1896-abril de 1900)
y después el paso al de Alba (octubre de 1900), su ordenación
sacerdotal en Alba (29 de junio de 1907) y sus relaciones con el canónigo
Francisco Chiesa son todos elementos comunes a la vida de todo aspirante
al sacerdocio en sus relaciones con la familia, el seminario y el director
espiritual.
El cuadro de referencia ideal para el P. Alberione está marcado,
en este período, por la pastoral parroquial, no sólo porque
se ha formado como sacerdote diocesano y no como religioso, o porque transcurre
algunos meses como vicepárroco de Narzole (1908), o porque a su regreso
al seminario es nombrado director espiritual de los clérigos y luego
de futuros sacerdotes orientados al ministerio parroquial, sino sobre todo
porque sus dos grandes libros de aquel tiempo Apuntes de teología
pastoral (primera ed., 1912) y La mujer asociada al celo sacerdotal (primera
ed., 1915), ciertamente entre los mejores de su vida, que apuntan a una
pastoral directa, en la parroquia, e ilustran el celo y los ideales de un
sacerdote que pretende vivir en contacto con la gente y hacer algo más
en su campo de apostolado.
Las fundaciones
Cuando empieza a interesarse un poco más de cerca por la prensa,
aceptando la dirección del semanario diocesano Gazzetta dAlba
(septiembre de 1913), los ideales del P. Alberione siguen siendo pastorales,
pero son realizados de manera diversa, ya no en contacto directo con la
gente, sino con la predicación mediante la prensa y después
con los instrumentos de comunicación social.
Cambia, pues, no sólo la modalidad pastoral (ahora predomina el
apostolado indirecto), sino también el lugar de esta pastoralidad,
que ya no es la parroquia o la diócesis, sino Italia o el mundo entero.
Comienza así el segundo gran período de la vida del P. Alberione,
el de fundador de congregaciones religiosas. No obstante, este período
de su vida no es unitario, porque las ideas que lo mueven como fundador
ya no son las mismas.
La primera fase va de 1914 a 1936 aproximadamente. El 20 de agosto de
1914 funda la Sociedad de San Pablo, en 1915 las Hijas de San Pablo y en
1924 las Pías Discípulas. Estos años y estas fundaciones
están orientados a la prensa: la imprenta es una iglesia y los chibaletes
el púlpito, como le gusta repetir, entusiasmando a sus jóvenes.
Ya no piensa en la parroquia, sino en una pastoral desarrollada mediante
una nueva organización de religiosos y religiosas (tras un primer
momento de vacilación, esta visión le resulta clara y no la
abandonará jamás), que ve unidos en un solo instituto religioso
a las dependencias de un solo superior general pensado casi como un «párroco»
-este es el cuadro de referencia del P. Alberione, como él mismo
aclarará muchas veces-. Pide su aprobación en 1921 y después,
con mayor decisión, en los años 1926-1927, a la Santa Sede,
o sea, representando a un solo instituto que comprende la Sociedad de San
Pablo, las Hijas de San Pablo y las Pías Discípulas, estas
últimas pensadas como algo intermedio, como una especie de bisagra
que une las dos ramas de la Sociedad de San Pablo y de las Hijas de San
Pablo, haciendo posible a unos y otras su dedicación total a la prensa.
La segunda fase fundacional comienza con la primera orientación
(1936) de las Pastorcitas hacia la parroquia y se cierra en 1947, cuando
las Pías Discípulas se hacen autónomas. Con la fundación
de las Pastorcitas el P. Alberione tiene aún en mente un solo instituto,
esta vez femenino, encaminado hacia la parroquia y la prensa. Las Pastorcitas
podrían llegar a los pueblos, dando nueva vida a la parroquia gracias
a la utilización de los nuevos medios, teniendo en cuenta que las
Hijas de San Pablo parecen limitarse a las librerías en las grandes
ciudades. Los tres grupos femeninos (esto es, Hijas de San Pablo, Pías
Discípulas y Pastorcitas) tienen en cualquier caso, desde el punto
de vista práctico, actividades demasiado diversas para permanecer
mucho tiempo bajo la guía de un vicesuperior y la dependencia de
la Primera Maestra, Tecla Merlo, tal como piensa en aquellos años
el P. Alberione, que continúa defendiendo, incluso con tonos polémicos
(especialmente en los ejercicios espirituales de octubre de 1941), su idea.
Con todo, el cuadro cambia lentamente y es innegable que a su maduración
han contribuido las religiosas mismas de los tres institutos. Así,
en 1947 las Pías Discípulas son desvinculadas del apostolado
de la prensa y de la dependencia de la superiora general de las Hijas de
San Pablo y orientadas decididamente hacia la liturgia. El primer cuadro
de referencia, pensado en los años 1924-1927, ya no existe y parece
que para ellas se trata casi de un nuevo nacimiento. Y las Pastorcitas,
para las cuales el P. Alberione había hablado de autonomía
ya en 1943, son orientadas siempre hacia el apostolado directo (predicación
de ejercicios espirituales, retiros, dirección de almas, además
de todo lo necesario en una parroquia).
La tercera fase fundacional va de 1955 a 1960 y se distingue por el hecho
de que, mientras en la primera el P. Alberione había actuado por
su cuenta o había aceptado los consejos del canónigo Chiesa,
siguiendo siempre su fundamental inspiración de centrar todos sus
esfuerzos en torno a la prensa, y en la segunda escucha también a
las religiosas de sus institutos, que ven difícil aceptar su visión
de las tres ramas en un solo instituto a las dependencias de una sola superiora
general, en la tercera fase las nuevas fundaciones (las Hermanas de la Reina
de los Apóstoles, que ven la luz en 1957, y los institutos agregados
-Jesús Sacerdote, Virgen de la Anunciación y San Gabriel Arcángel-,
que surgen inmediatamente después y obtienen una primera aprobación
en 1960) son propuestas y organizadas según las sugerencias que le
llegan al P. Alberione desde el exterior, de modo particular del claretiano
P. Arcadio Larraona.
Como se ve, el período fundacional es no sólo largo, sino
también complejo y con ideas diversas. De las fundaciones iniciales,
todas orientadas hacia la prensa, se ha ido progresivamente hacia apostolados
autónomos y diversos. Hay, pues, una evolución en el P. Alberione
fundador, una ampliación de sus ideales y la confirmación
de que no todo estaba claro al principio en su mente.
La búsqueda de la unidad
El tercer período de la vida del P. Alberione (1960-1971) constituye
una larga reflexión sobre su vida y sus obras. Ve ahora con gratitud
no sólo la multiplicidad de sus fundaciones, sino también
que no están todas orientadas hacia el apostolado indirecto, la prensa,
aun teniendo un carácter «pastoral». Se da cuenta al
mismo tiempo de que esta multiplicidad necesita organización, encontrar
una unidad, y entonces (especialmente después de 1960) habla de «familia»
paulina y trata de precisar los elementos que constituyen el patrimonio
común, su herencia, para todos los institutos.
El P. Alberione participó de diversas maneras también en
la fundación de otros institutos religiosos (los Pequeños
Obreros, fundados por mons. Julio Penitenti; las Hermanas Misioneras de
sor Gema Galgani, fundadas por sor Eufemia Giannini; las Misioneras de Jesús
obrero, fundadas por sor Rosa Lanzillotta, e incluso los Focolares de Chiara
Lubich), pero lo que sabemos al respecto es todavía muy escaso y
poco preciso, y se limitaría al período 1940-1960 de su vida.
Así, aunque no se conozcan todavía bien todas las piezas de
la vida del P. Alberione, que harían posible presentar su biografía
espiritual más precisa y completa, es empero evidente el ideal hacia
el cual dirigió todos sus pensamientos, acciones y corazón.
Giancarlo Rocca