Sociedad de San Pablo
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Un patrono para los comunicadores

El P. Alberione, fundador de la Familia Paulina, gastó toda su vida en la evangelización con los medios más rápidos y eficaces. Su testimonio es punto de referencia para quien actúa como creyente en la cultura de la comunicación moderna.


El 26 de noviembre de 1971, moría el P. Santiago Alberione. Juan Pablo II reconoció el 26 de junio de 1979 las virtudes heroicas del fundador de la Familia Paulina. Etapas importantes que, una vez recorrido el íter de la beatificación y canonización, nos llevan a considerar al venerable Santiago Alberione como el «Patrono natural de los comunicadores». El sacerdote piamontés no ha sido el primero, ni el único, en la Iglesia, que ha puesto las tecnologías de la comunicación al servicio del Evangelio, pero gastó toda su vida en la evangelización con los medios. Su testimonio tiene ciertamente algo de único, y puede constituir un punto de referencia para quien actúa como creyente en la comunicación moderna.

Su obra ha elaborado ante todo una espiritualidad para los comunicadores. Ser «apóstoles de hoy» que «usan los medios de hoy» significó para él recoger la indicación de León XIII en la Tametsi futura, que presenta a Cristo, camino, verdad y vida, como la síntesis más idónea para la evangelización moderna. Por eso, reaccionando contra lo coyuntural de la pastoral del tiempo y la pobreza bíblica, litúrgica, catequética y moral de muchas iniciativas de entonces, el P. Alberione hizo un programa vital de su experiencia de Cristo Maestro, que impone la superación de la fractura entre fe e historia y entre contemplación y acción. Más que de una elaboración teológica original, se trataba de ofrecer, a través de la comunicación, todo el Cristo a la totalidad de la persona: «Dar Jesucristo, camino, verdad y vida, o sea, completo, a todo el hombre: la mente llena de su verdad, la voluntad llena de sus virtudes, el corazón rebosante de su gracia».

El fundador de la Familia Paulina ha dado a la Iglesia una nueva forma de evangelización: «Por apostolado entre nosotros se entiende una verdadera misión, que puede denominarse predicación con los medios técnicos de la palabra divina por medio de la edición». Frente a las grandes masas que han dejado de asistir a la iglesia, el P. Alberione formula su propuesta de evangelización con los medios. Y mientras algunos consideran las tecnologías comunicativas como invenciones del diablo o simples subsidios de la pastoral ordinaria, él asume la comunicación mediática como «predicación» total de Cristo, que hace posible el encuentro con él. Así, pues, los instrumentos técnicos son vistos como una realidad religiosa: «Los medios técnicos, las máquinas, los caracteres, todo el aparato radiofónico, son objetos sagrados por el fin al que sirven. La máquina se convierte en púlpito, el local de la imprenta... en iglesia...». El resto fue una consecuencia lógica: una preparación adecuada de los comunicadores -laicos, religiosos, hombres y mujeres- hecha de ciencia común y de ciencia de la comunicación completa (libros, revistas, cine, radio, televisión...) como condición para la eficacia.

Para fusionar en serio profesionalidad y modernidad de los medios con vistas a la máxima eficacia en la comunicación de los contenidos, pensó en una «gran organización»: «Las organizaciones tienen gran fuerza. Cada uno por su cuenta puede ser un santo, pero sólo es una mimbre. Si en vez de una mimbre se atan muchas juntas, se convierte en una fuerza...». Fue una elección programática: la aplicación de los criterios industriales de producción es condición para la eficacia de la evangelización mediática. En ella hay ciertamente peligros y desviaciones, pero no proceden de la naturaleza del instrumento, sino del mal uso que se puede hacer de ellos.

Releyendo hoy ciertas páginas del P. Alberione uno se sorprende de su viveza, de su afán de romper con esquemas prefijados. Sin ceder a cómodas unilateralidades, empeñado en vivir su tiempo para encarnar en él el Evangelio, para comunicar todo el Cristo, se sirvió de todos los lenguajes y de todos los medios.

Sin miedo y sin exclusiones. Y abrió a sus hijos los horizontes más vastos del mundo de la informática, de la telemática, de la multimedialidad, de la realidad virtual. Juan Pablo II afirma en la Redemptoris missio: «El trabajo en estos medios, sin embargo, no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo, porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran medida de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta “nueva cultura” creada por la comunicación moderna».

Esta es precisamente la intuición central del P. Alberione, comunicador y evangelizador: pasar del simple uso de los medios a una inculturación de la fe en la civilización producida por los medios de masas. Nos parece que en esta línea se puede abordar el reto de la comunicación cristiana en los umbrales del nuevo siglo. Por eso «nuestro» Fundador, si bien sin exclusivismos, puede ser con todo derecho -lo decimos como hijos- el Patrono de los comunicadores del nuevo milenio.


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