Quiénes somos
Nos fundó el P. Santiago Alberione quien, durante la adoración
eucarística de la noche que marcaba el comienzo del siglo XX, se
sintió obligado a hacer algo por Dios y por los hombres de su tiempo,
e intuyó que en el nuevo siglo personas generosas sentirían
lo que él sentía. Fascinado por el amor y la actividad de
san Pablo, el beato P. Alberione nos señaló al Apóstol
como modelo, como «nuestro padre espiritual y nuestro verdadero fundador».
Por eso nos llamamos «Paulinos».
Vivimos en comunidades religiosas para continuar unidos la misión
que Cristo encomendó al Apóstol: «Ve, que eres el instrumento
elegido por mí para dar a conocer mi nombre a todos los pueblos».
Como san Pablo, somos mensajeros de la Palabra de Dios para los hombres
de hoy con todos los medios de comunicación social.
Unidos por una única misión, nuestras comunidades están
formadas por religiosos sacerdotes y religiosos laicos, llamados éstos
«Discípulos del Divino Maestro».
Qué hacemos
Nuestra misión de apóstoles modernos nos compromete a anunciar
a Cristo como único Maestro, el Camino que conduce a la Verdad y
da la Vida. Para que el amor de Dios pueda llegar al corazón de cada
hombre, transformamos el mensaje contenido en la Biblia, palabra de Dios
siempre joven, en programas de televisión y de radio, en audiovisuales
y vídeos, en libros, revistas y páginas hipertextuales.
Nuestro Fundador nos ha animado a intervenir en los problemas de la sociedad
actual aportando el pensamiento de Cristo y la enseñanza de la Iglesia.
«¡Hablad de todo, pero cristianamente!». Nos ha encomendado
los mismos horizontes misioneros del apóstol Pablo: «Vuestra
parroquia es el mundo entero». Nos ha recomendado que tengamos en
cuenta la invitación de Cristo: «Lo que habéis oído
con vuestros oídos, predicadlo desde los tejados».
Estamos presentes con nuestras comunidades apostólicas en 29 países.
Por qué lo hacemos
¡Por amor! Para «hacer a todos la caridad de la Verdad».
El amor a Cristo y a la Iglesia, la contemplación orante, la consagración
religiosa, la vida fraterna en comunidad, nuestra preparación apostólica
y la «llamada» divina nos hacen ministros, maestros y testigos
de Dios Trinidad en el mundo de la comunicación.