San Pablo vivo hoy
Para comprender el carisma paulino hay que remontarse a las convicciones
profundas del P. Alberione, a su sensibilidad misionera y pastoral.
En la literatura eclesiástica de finales del siglo XIX y comienzos
del XX es fácil encontrar la lista de los enemigos de la fe católica:
masonería, socialismo, comunismo, liberalismo desenfrenado con exaltación
del individuo y de la actividad privada, omnipotencia de la prensa que crea
una opinión pública atea... El P. Alberione, vicepárroco
en una parroquia rural, docente de pastoral en el seminario, catequista
y profesor de religión, conferenciante y articulista en favor de
la acción social de los cristianos, se da cuenta de la fractura creciente
entre Iglesia y cultura, religión y masas, fe y vida. «Hoy
el gran mundo, la juventud, la clase dirigente, reciben cada día
otras doctrinas, escuchan otras teorías en la radio, asisten a cualquier
espectáculo de cine, se dirigen a la televisión para lo más
amoral o inmoral. El sacerdote predica a un pequeño, reducido rebaño,
con iglesias casi vacías en muchas regiones. Nos dejan los templos,
cuando nos los dejan, y se llevan las almas», explica el P. Alberione
en noviembre de 1950 en un congreso de Superiores religiosos.
¿Cómo reaccionar frente a semejante situación? Es
necesario, dice él, cambiar de mentalidad: no esperar a la gente
en la iglesia, sino llevarles el evangelio donde viven; es necesario un
nuevo método: no sólo con la palabra, sino también
con los medios de comunicación; la prensa, el cine, la radio, la
televisión constituyen hoy las más urgentes, las más
rápidas y las más eficaces obras de apostolado católico.
Puede que los tiempos nos reserven otros medios mejores. Pero en este momento
parece que el corazón del apóstol no puede desear nada mejor
para dar a Dios a las almas y las almas a Dios. La evangelización
debe recurrir a estos medios, que son hoy los más potentes para comunicar
el pensamiento, porque actúan poderosamente en las masas; pueden
minar gravemente o reforzar extraordinariamente los cuatro quicios de la
convivencia humana: la familia, el orden social, el orden religioso, el
orden humano-moral.
Para el P. Alberione el apostolado paulino no es un subsidio para la
evangelización, sino una forma nueva que complementa la anterior.
La convicción más original y que él nunca abandonó
es esta: usar los medios de comunicación significa realizar de otra
forma lo que el sacerdote lleva a cabo con la predicación oral. El
apostolado de las ediciones es predicación con el mismo título
que la predicación oral. Existe una equivalencia entre las dos formas:
el mismo contenido, con formas diversas. En la Iglesia deben coexistir y
complementarse dos formas de predicación que tienen igual dignidad
e idéntico fin: la predicación con la palabra y la predicación
con la pluma, el micrófono, la película, la telecámara
y el disco.
La certeza teológica de la equivalencia de las dos predicaciones
sugiere al Fundador una visión mística de las tecnologías
de comunicación: «Cuando estos medios del progreso sirven a
la evangelización reciben una consagración, quedan elevados
a la máxima dignidad. La oficina del escritor, el taller de la técnica,
la librería se convierten en iglesia y púlpito. Y quien trabaja
en ellos se eleva a la dignidad de apóstol». Y añade:
«La máquina, el micrófono, la pantalla son nuestro púlpito;
la tipografía, la sala de producción, de proyección,
de transmisión, es como nuestra iglesia». «La librería
es un templo; el librero un predicador; los frutos que se buscan son la
luz, la santidad, el gozo en Cristo Jesús y la vida cristiana. El
mostrador es un púlpito de la verdad».
Santidad para el apostolado
Si el apostolado paulino es auténtica predicación que brota
como testimonio de una vida llena de Dios, se comprende por qué el
P. Alberione considera a los Paulinos como «apóstoles».
«Formar una organización, pero religiosa, donde las fuerzas
están unidas, donde la entrega es total, donde la doctrina será
más pura: y esta sociedad de almas que aman a Dios con toda la mente,
con todas las fuerzas, y con todo el corazón, se ofrecen a trabajar
por la Iglesia, contentas con el salario divino: "recibiréis
cien veces más, y poseeréis la vida eterna" (Mt 19,29)»
(AD 24).
De ahí que la santidad personal sea la premisa para el apostolado
paulino: «Apóstol es quien lleva a Dios en su alma y lo irradia
a su alrededor. Apóstol es un santo que acumuló tesoros y
comunica de su abundancia a los hombres». Y puesto que la predicación
paulina es un apostolado inédito: «Se necesitan santos que
nos precedan en estos caminos aún no batidos y en parte ni siquiera
indicados. No es tarea de aficionados, sino de auténticos apóstoles».
Se trata de una visión sobrenatural que mueve al Fundador a valorar
las obras de los Paulinos, convencido de que la fuerza de Dios puede suplir
la incapacidad humana. La reflexión teológica del Vaticano
II sobre el rol de los laicos en la Iglesia, la participación de
los laicos en los carismas de los Institutos religiosos, la necesidad de
una preparación profesional y la escasez de vocaciones religiosas
justifican una necesaria evolución de esta visión autárquica.
Espiritualidad para el apostolado
Inspirándose en la encíclica de León XIII Tametsi
futura, el P. Alberione puso como centro de la espiritualidad para los apóstoles
de las ediciones a Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida. Explicando esta
elección, el Fundador manifiesta su intención de presentar
un Cristo total, no fraccionado en alguna devoción, capaz de abarcar
la totalidad de la persona humana que, según la antropología
del tiempo, se define como «mente, voluntad y corazón».
Cristo Verdad revela la doctrina a la mente del hombre; Cristo Camino ofrece
la moral a la voluntad humana; Cristo Vida indica el culto «en espíritu
y verdad» al corazón humano. Todo el Cristo a todo el hombre:
es una parte del «todismo» del que el Fundador habla con frecuencia.
«La Familia Paulina aspira a vivir integralmente el evangelio de Jesucristo,
camino, verdad y vida, en el espíritu de san Pablo, bajo la mirada
de la Reina de los Apóstoles. No hay en ella excesivas peculiaridades,
ni devociones especiales, ni superfluas formalidades, sino que se busca
la vida en Cristo Maestro y en la Iglesia» (AD 93-94).
Por otra parte, el apóstol san Pablo fascina al P. Alberione hasta
el punto de llegar a decir a los miembros de sus instituciones: «Todos
han de mirar a san Pablo apóstol como único padre, maestro,
modelo y fundador. Porque lo es de hecho. Por él nació la
Familia Paulina, por él fue alimentada, él la hizo crecer
y de él asumió su espíritu» (AD 2). Y también:
«San Pablo ha inspirado la fundación de la Familia Paulina
para continuar su vida y sus obras en el tiempo. Él quiere que nosotros
realicemos hoy lo que haría él. ¿Qué haría?
Se serviría de los medios de comunicación modernos, prensa,
cine, radio, televisión para anunciar la doctrina del amor y de la
salvación que es el evangelio de Jesús».
El amor del P. Alberione a la Madre de Dios puede deducirse de lo que se
lee en el texto autobiográfico: «Sin el rosario él se
sentía incapaz de hacer exhortación alguna» (AD 31).
Mandó pintar un cuadro que representase a la Madre de Dios como Reina
de los Apóstoles y la ideó así: María, elevada
sobre los Apóstoles, ofreciendo con sus brazos al niño Jesús
que lleva en la mano izquierda una hoja de papel blanco enrollada (para
simbolizar la Palabra transformada en Prensa). María es considerada
modelo del apóstol paulino. Y se llega al audaz paralelismo: «como
María ha encarnado la Palabra de Dios, así el Paulino debe
encarnar con el apostolado de las ediciones esa misma Palabra».
Actualidad del carisma paulino
Después de largos años de luchas, obstáculos e incomprensiones,
participando en el concilio Vaticano II, el P. Alberione experimentó
una inmensa alegría cuando se aprobó el decreto Inter mirifica
(4 de diciembre de 1963), que compromete a toda la Iglesia en la evangelización
con los medios de comunicación social. «La Iglesia católica
considera parte de su misión servirse de los instrumentos de comunicación
social para predicar a los hombres el mensaje de salvación y enseñarles
el recto uso de estos medios» (IM 3). Todos los cristianos y en especial
los obispos y sacerdotes, son invitados a asumir los medios de comunicación
social para «la predicación», la misma finalidad que
obstinadamente el P. Alberione venía indicando desde 1914. Con gozo,
el Fundador pudo escribir entonces a todos los Paulinos: «Nuestro
apostolado ha sido aprobado, alabado y establecido como un deber para toda
la Iglesia... En muchísimos documentos pontificios se había
hablado de ello, ocasional o expresamente. Ahora ha sido discutido, clarificado
y definido por el concilio ecuménico Vaticano II, donde estaba representada
toda la Iglesia, con la presencia del Papa, que "aprobó, decretó
y estableció". La actividad pauli-na ha sido reconocida como
apostolado junto a la predicación oral, rodeada de alta estima ante
la Iglesia y el mundo».
Pablo VI en la audiencia concedida a toda la Familia Paulina el 28 de
junio de 1969, afirmó en presencia del Fundador: «Nuestro P.
Alberione siempre alerta a escrutar "los signos de los tiempos",
es decir las formas más geniales de llegar a las almas, hadado a
la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para dar vigor
y amplitud a su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez
y las posibilidades de su misión en el mundo moderno y con los medios
modernos. En nombre de Cristo, Nos se lo agradecemos y lo bendecimos».
El cambio de mentalidad que propició la reflexión del Vaticano
II sobre la Iglesia, los miembros del Pueblo de Dios (obispos, sacerdotes,
laicos), la reforma bíblica y litúrgica, el impulso misionero,
la ampliación del concepto de predicación, el relanzamiento
de la vida religiosa, la nueva visión de la libertad religiosa y
la autonomía de las realidades terrenas hacen necesaria una profundización
y reelaboración de algunas convicciones del P. Alberione, fruto de
la cultura y de la teología de su tiempo. Sin embargo, recurriendo
especialmente al interés de la Iglesia por la comunicación,
especialmente a textos del magisterio universal (Communio et progressio,
Evangelii nuntiandi, Orientaciones para la formación de los futuros
sacerdotes sobre los instrumentos de la comunicación social, Redemptoris
missio, Aetatis novae, Ética en las comunicaciones sociales, Ética
en Internet y La Iglesia e Internet) sigue teniendo una insuperable actualidad,
con proyección de futuro, la certeza esencial del P. Alberione: todas
las tecnologías de la comunicación pueden llegar a ser ocasión
de una «nueva predicación» en la «nueva evangelización».
Escribe el P. Alberione: «Así pretendo pertenecer a esta
admirable Familia Paulina: como servidor ahora y en el cielo, donde me ocuparé
de quienes emplean los medios modernos más eficaces para el bien:
en santidad, en Cristo, en la Iglesia». Beatificado por Juan Pablo
II el día 27 de abril de 2003, todos los que quieran testimoniar
a Cristo con la comunicación mediática y digital pueden encontrar
en él un seguro intercesor.