La misión paulina
Visión teológica del apostolado de la comunicación
Para calificar el apostolado de las ediciones como "predicación"
en sentido pleno, el Fundador esbozó una teología de la comunicación
utilizando los términos "editar, editor, editorial, edición,
ediciones".
«1. Edición: el Padre celeste ab aeterno es el editor del Hijo.
2. Edición: María es la editora del Verbo humanado. 3. Edición:
el Hijo de Dios es el editor del Evangelio. El Espíritu Santo es
autor y editor de las Sagradas Escrituras. 4. Edición y Editorial:
la Iglesia. María, madre, maestra y reina de los editores y de las
ediciones. San Pablo, el escritor más abundante del Nuevo Testamento»
(Alberione, pp. 131-133).
En el volumen Apostolado de la Prensa (pp. 10-14) el Fundador explica el
origen del apostolado de la prensa haciéndolo remontarse a Dios Padre,
a Cristo, a los evangelistas y a los autores del Nuevo Testamento, a los
Padres de la Iglesia, a los grandes santos y teólogos, a los Papas,
sobre todo a los Papas contemporáneos, llegando a la conclusión:
«Por tanto el apostolado de la Prensa viene de Dios, la Iglesia lo
adoptó, y se usa universalmente».
Contenidos del apostolado paulino
De la integralidad de la espiritualidad se deriva la integralidad de
los contenidos del apostolado de la comunicación: dar todo el Cristo
a todos los hombres con todos los medios. Dogma, moral y culto son los contenidos
fundamentales. «La Biblia es el primer libro que debemos dar. O lo
damos con las películas, o con la prensa, o con la voz en la radio,
o por medio de los discos o de diapositivas, o de cualquier otro modo: usando
todos los medios que el Señor nos ha proporcionado». «Nuestro
Instituto es docente. Quiere dar a Cristo al mundo, es decir, su doctrina,
su moral, su culto. Cristo seccionao no nos restaura; Cristo completo es
resurrección, vida y salvación para todo el mundo. Realicemos
un apostolado completo y santificador».
De esta certeza nacen libros, revistas, programas de radio y televisión,
filmes, discos y diapositivas que tienen como argumento la Sagrada Escritura,
el Evangelio, el catecismo, la teología, la patrística, la
liturgia, la moral, la pastoral, la exégesis, etc. Pero la evangelización
no puede identificarse únicamente con los temas religiosos: «Dar
en primer lugar la doctrina que salva. Empapar de Evangelio todo el pensamiento
y el saber humano. No hablar sólo de religión, sino de todo
hablar cristianamente» (AD 87).
Todos los medios de comunicación deben ocuparse de todo lo que es
humano, vertiendo sobre ello una mirada sobrenatural capaz de asemejarse
incluso a la paciencia de Dios y de tomar en serio la libertad del hombre.
El P. Alberione sugiere un criterio inspirador para los contenidos «humanos»
del apostolado de las ediciones: «Para ejercer nuestra misión
apostólica: dar la verdad con la doctrina, el bien con la moral,
la belleza con la forma. No es necesario escribir siempre de religión,
pero es necesario, sin embargo, escribir siempre cristiana-mente».
«Todo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable,
de laudable; todo lo virtuoso, lo que es digno de aplauso, tenedlo en cuenta»:
esta exhortación de san Pablo a los Filipenses (4,8) la indica el
P. Alberione como criterio para el apostolado de las ediciones cuando no
es explícitamente «religioso».
Características del apostolado de las ediciones
La voluntad del apóstol paulino de comunicar su experiencia de
fe debe tener en cuenta algunas características muy destacables en
la actividad misionera de Cristo y de san Pablo. Cuanto se comunica en el
apostolado de la comunicación debe estar en total comunión
eclesial: fundado con certeza en la Biblia, en línea con la tradición,
con la teología y con el magisterio. «Dejando a un lado los
sentimientos personales, oriente siempre la mente, la voluntad y el corazón
a pensar, a obrar y a sentir, y por tanto a escribir de manera conforme
a la Iglesia».Para garantizar la comunión con toda la Iglesia,
el P. Alberione quiso que los religiosos de la Sociedad de San Pablo estuviesen
vinculados también con el voto de «fidelidad al romano Pontífice
por cuanto concierne al apostolado».
La fidelidad al mensaje debe estar acompañada por la dimensión
misionera, y respirar la universalidad de san Pablo: «Sintámonos,
como san Pablo y en san Pablo, deudores de todos los hombres, ignorantes
y cultos, católicos, comunistas, paganos, musulmanes. Amemos a todos.
A todos (llegue) nuestro apostolado».
Pero la universalidad tiene una atención especial para las masas
y exige por tanto popularidad, vulgarización de los contenidos en
un lenguaje comprensible. El Fundador luchó por la redacción
de un Evangelio con notas para las diversas categorías sociales;
quiso una Biblia de bajo precio para la familia, con notas comprensibles
para todos los miembros. Pero junto a la atención al pueblo es necesario,
decía, cuidar también la clase elevada cultural-mente, ya
que conquistar para el cristianismo una persona culta equivale a «pescar
con red» por el bien que de ello se puede derivar.
La característica principal del apostolado de las ediciones es la
pastoralidad, la habilidad para hacerse comprender por los destinatarios,
sea masa o gente culta. «Las almas no se acercan a Dios todas del
mismo modo; generalmente tienen necesidades personales. El apóstol
debe aprender de su modelo san Pablo el arte de "hacerse todo a todos"
y adaptarse a cada uno según sus condiciones físicas, intelectuales,
morales y religiosas».
La predicación del apostolado de las ediciones exige tanto la
santidad personal como la capacidad de comunicar de forma comprensible el
propio testimonio. Un apóstol de la comunicación no se improvisa:
«No basta tener una ciencia mediana, sino que se requieren unos conocimientos
más amplios, a los cuales hay que añadir una gran habilidad
para exponerlos con claridad».
Y también: «Nuestro apostolado exige en primer lugar la ciencia
común y después la cultura de los medios de comunicación:
por tanto la capacidad de redacción no sólo de libros o revistas,
sino también la preparación de películas, programas
de radio y de televisión. Para ello se necesitan estudios verdaderamente
especializados». El Fundador, al ir asumiendo progresivamente para
la evangelización los diversos medios de comunicación (1914,
la prensa; 1938 y 1955, el cine; 1948, la radio; 1963, el disco) advierte
que cada uno de ellos tiene su propio lenguaje y sus propias leyes de expresión,
que exigen una formación adecuada.
La santidad y la preparación profesional de cada uno en comunicación
serían insuficientes sin una organización bien articulada
de la actividad apostólica. El P. Alberione ha puesto «el trabajo
organizado» al servicio de la evangelización: «Debemos
dar una gran importancia a las organizaciones. Eh, sí. Organizar
el bien. Las organizaciones tienen gran fuerza y uno puede ser santo, pero
él solo, individualmente, es un junco. En cambio, si en vez de un
junco se unen muchos juncos juntos, entonces se convierte en una fuerza.
Hay que tener esto siempre presente: la unión hace la fuerza».
El P. Alberione estuvo constantemente atento a las novedades en comunicación
para ponerlas, apenas fue posible, al servicio de la evangelización.
Para transfundir a los Paulinos de todos los tiempos esta atención
a la comunicación, dejó como consigna a sus continuadores
el estar siempre en la vanguardia «para predicar en cualquier época
con los medios más rápidos y eficaces», siempre al ritmo
de los tiempos.